Sábado, 17 Febrero 2018

ENTRE LAS URGENCIAS Y LOS MÉTODOS

Lunes, 12 de Febrero de 2018 18:55 Martín Martínez
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Las complicaciones que sufre Vélez constituyen un enorme árbol que tapa cualquier bosque de optimismo que pueda avizorarse detrás. Es difícil pensar con claridad cuando el agua tapa el cuello y amenaza con seguir subiendo. La sensación de ahogo nubla toda posibilidad de optimismo y centra los reflejos en la necesidad de salvar el pellejo a como dé lugar. En este presente una derrota -más aun cuando se trata de rivales directos en la lucha por no descender- resulta una realidad incontestable en un juego que no sabe de merecimientos. Se pierde, se sufre y la desesperación aparece como una gruesa pared delante del análisis.

Las suposiciones son engañosas. Pero en este caso pueden reflejar la diferencia en el semblante del simpatizante velezano, que da rienda libre a su enojo con una furia que huele a bronca acumulada en el tiempo y no a un equilibrado balance de la actualidad. ¿Qué hubiera pasado si Vélez ganaba un partido donde triplicó las chances de gol de su rival, mantuvo con relativa solvencia la posesión del balón y superó el 80 por ciento de efectividad en los pases que ejecutó? ¿hablaríamos de una actuación desastrosa? ¿consideraríamos que el entrenador no está en sus cabales? ¿cuestionaríamos el amor propio de nuestros jugadores? Preguntas sin respuestas. Vélez cayó derrotado ante un Patronato que hizo poco pero consiguió todo porque no permitió que la pelota entre en su arco y tuvo una contundencia poco usual para su jerarquía.

Vélez pago cara su ineficacia delante del arco y una vez más permitió pocas situaciones al adversario, pero de una claridad preocupante. NI Chacarita Juniors ni Patronato arribaron en demasía a las cercanías del arco de Rigamonti. Pero cuando lo hicieron disfrutaron de una asombrosa permisividad para transformar situación en gol. En el otro arco la realidad esmuy diferente. El equipo va creciendo paulatinamente en la generación de situaciones de gol. Este es un dato positivo e importante.Pero la impericia propia y la vehemencia ajena a la hora de defender, alargan la sequía goleadora arrastrada desde procesos anteriores.

Está claro que hay muchísimo por mejorar. Que varios aspectos colectivos continúan en deficit -la ineficiencia del mediocampo y el excesivo retroceso de Zárate cuando se alarga el equipo, la coordinación en los movimientos por los costados y falta de asociación entre el delantero de punta y quienes traen el balón desde atrás para generar espacios y combinaciones precisas. Pero el mayor punto de conflicto aparece en la áreas, allí donde se ganan y se pierden los partidos, donde Vélez deberá afinar su puntería y dificultar el trabajo de los adversarios.

En el resto y con las falencias anteriormente mencionadas la estructura va tomando forma. No fue Patronato quien propuso meterse atrás en el segundo tiempo. Fue Vélez quién lo metió contra su área a fuerza de cohesión y presión. Patronato no encontró el camino aéreo que Matos le propició a Chacarita y por abajo Vélez absorbió con mayoría numérica todo intento de respuesta de los entrerrianos. Y cuando dispuso de la pelota mejoró los circuitos de pase aunque deberá darle mayor trascendencia al juego en los últimos metros y agilizar la salida del fondo con mayor grado de disponibilidad de opciones para quien tiene la pelota. El tiempo del juego lo debe marcar la cantidad de opciones de recepción y no la búsqueda de ellas por parte del poseedor de la pelota. Este es un principio clave para darle velocidad de juego y lograr sorpresa. Pero requiere de coordinación, de conceptos para alcanzarla y, por ende, de tiempo.

Y en esta última palabra tan valiosa es donde yacen mucho de los cuestionamientos tras estas dos derrotas. Vélez carece de tiempo por voluntad propia. El tiempo depende de los demás. De aquellos que hoy están por debajo de la línea del descenso y que al día de hoy nos dan aire con su irregularidad. Pero esta situación era igual al tomar la decisión de contratar a Heinze. Y el ex defensor del seleccionado nacional es un entrenador para el largo plazo. Para enseñar, aplicar, probar y modificar conceptos de juego asociados a un estilo de juego moderno y exitoso. Un modelo que insume tiempo de trabajo aun con inversiones gigantescas en instituciones de primer nivel de Europa.

Un entrenador con una ideología futbolística definida y con un reciente antecedente exitoso de su aplicación -también con un comienzo un tanto tormentoso- no es responsable por el pasado poco próspero de Vélez en los últimos años. Si debe tomar en cuenta en su trabajo las necesidades que recaen en el presente por la escasez de puntos obtenidos en los procesos anteriores. Y deberá aplicar fórmulas que adelanten ciertos procesos a partir de menores grados de complejidad donde lo crea conveniente, sin atentar con lo que él busca como producto terminado.

Lo expuesto indica dificultades y trabajo meticuloso en la búsqueda de resultados y rendimientos. Insisto en mi confianza en el trabajo de Heinze y en su manera de ver el fútbol. Sólo le exijo al entrenador contrastar la complejidad de su idea de juego con el momento de Vélez en la planificación de su trabajo. Asumo que lo está haciendo. Que conoce de las urgencias tanto como de sus jugadores y de los rivales. Y que confía en que más temprano que tarde este bosque que crece detrás del enorme árbol de la preocupación, comenzará a entregar los frutos esperados.

 

Por Nicolás Di Pasqua

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Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva