Diario Infovelez

MALDITA EFICACIA

Escrito por Martín Martinez

Sin lugar a dudas que para pelear un campeonato se necesitan de muchos factores para llegar a las fechas finales con chances, desde el juego es imprescindible tener un centro delantero goleador que pueda destrabar partidos cerrados y consiga puntos claves como fue Fernández ante Rosario Central.

Sin embargo, este hecho ocurrió de manera esporádica y la ineficacia de Vélez en los metros finales hace que no consiga puntos que merecía por su funcionamiento como paso en el caso de Huracán la fecha pasada y más atrás en la derrota ante Defensa y Justicia como local. Entre los dos números nueves del equipo Maximiliano Romero y Leandro Fernández llevan tres goles en doce partidos, con irregularidades en sus rendimientos, que hacen que salgan y entren continuamente del equipo titular, sin poder afianzarse por la falta de eficacia en la definición.

En este último partido ante Central Córdoba, el titular fue Leandro Fernández quien tuvo muy buenos movimientos pivoteando, desmarcándose e intentando rematar desde afuera del área, a pesar de la lejanía del remate.

En el complemento ingresó Maximiliano Romero por el cual se tiene una gran expectativa, pero se encuentra sin confianza y la única oportunidad que tuvo un remate claro al arco no le pegó bien y lo cerró justo el marcador central de los locales. Si bien el Fortín tiene probablemente los volantes con más gol del fútbol argentino, (Nicolás Domínguez y Lucas Robertone) no siempre se puede depender de eso y se necesita un goleador como los tienen todos los equipos que se encuentran en los primeros puestos de la Superliga. En Lanús (Sand), Boca (Wanchope), River (Borré) y Argentinos (Hauche).

La calidad de los delanteros esta fuera de discusión y los goleadores normalmente conviven con rachas negativas hasta que se destapan y anotan goles de maneras extrañas para sumar puntos y que su equipo saque chapa de candidato a raíz de la jerarquía individual de los jugadores que con pocas chances de gol no dudan y lo generado se transforma en un tanto.

 

Por Martín Martínez

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