Sábado, 25 Noviembre 2017

EL TIRO DEL FINAL

Jueves, 21 de Abril de 2016 23:25 Ruben David Oliva
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Los triunfos, títulos y vueltas olímpicas nos han enseñado a festejar en los últimos 23 años. Por eso…ver la realidad que golpea nuestras puertas con susurros de fracaso, nos tiene a maltraer. No sabemos como procesarlo observando un Vélez juvenil y desequilibrado. Sin rumbo. Perdido en una idea que no es idea. Solo, quienes sufren y disfrutan esta gloriosa pasión Velezana –hoy más que nunca-, saben cuanto se necesitaba una victoria. Agónica. Caprichosa. Insospechada. Exclusivamente, ellos, conocen el desahogo de los tres puntos. Con puño apretado. A mano alzada en un José Amalfitani que aguantaba la respiración hasta el último aliento.

¿Cómo explicar un triunfo que no era triunfo?

Con una sola frase. Con la suerte. Tan esquiva como siempre, y tan poderosa como nunca. Es cierto que no sufrió problemas en la última línea más allá de aquella primera jugada del encuentro -7 minutos con un remate desviado de Piovi-, pero tampoco fabricó demasiadas a favor. Podemos enumerar un puñado de intenciones y mala resolución (un remate alto de Leandro Desábato y uno lejano de Hernán Toledo). No demasiado para un conjunto necesitado de victorias.

Plantado a contragolpe, Vélez no supo vulnerar el fondo de Argentinos que desdoblaba marcas para frenar los ímpetus de Toledo y alguna que otra cruzada solitaria de Fabricio Alvarenga –quién tuvo la jugada más clara en un centro pasado y que desperdició de cabeza-. No hubo mucho más. Si, por momentos, encontró el funcionamiento a un toque. Con algo de precisión se animó a llegar sobre el arco del joven arquero Lanzillotta. No obstante, casi nunca logró transformar esa pequeña cuota de creación en un intento de real peligro. Así, entre amagos e intenciones, los 45 minutos iniciales entregaron más dudas que certezas.

En la segunda mitad, se vio la peor producción del año. Lejano del arco, Vélez enamoró sus pocas intenciones en igualdad. Argentinos Juniors, de igual forma, creía en un punto necesario en una lucha sin cuartel por el no descenso. Ese entrevero de miedos, marcó el hilo del partido. Ninguno quiso arriesgar demasiado por temor a lo peor ¿Cómo esperar fútbol, creatividad si la duda maneja un equipo?

Sin embargo, el fútbol es un materia inexplicable. Como hacerlo para justificar esta victoria de un Vélez que tiene como síntoma característico a su extrema velocidad. Nunca hay tiempo para frenar, armar la pausa, diferenciar un pase de un intento. Siempre, la repentización le gana al equilibrio. Todo es producto del nerviosismo. Es evidente en cada jugada. No fue distinto frente al bicho.

Jugó mal, definió peor y casi termina en pesadilla. Pese a todo, la diosa fortuna marcó el presente y dio la sonrisa que se necesitaba. Casi en el final del partido. Cuando los susurros ganaban espacio y la noche, densa, establecía desilusión, una pelota salvadora y la cabeza justa de Lautaro Gianetti, descolocaron al arquero visitante para ingresar al arco frío, manso e inevitable, y transformar rostros de fastidio en gestos de festejo. Así, como si nada, Vélez se llevó la victoria que tanto deseaba…

 

Por Ruben David Oliva Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva