Miércoles, 26 Julio 2017

OBRA MAESTRA DEL TERROR

Lunes, 18 de Abril de 2016 17:54
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Vélez Sarsfield entregó una imagen muy pálida y cayó sin atenuantes ante Independiente, perdiendo la chance de sumarse a la pelea de arriba. Una innumerable cantidad de errores de todo tipo atentó contra las chances de obtener tres puntos que eran vitales en la peor actuación de Vélez en el certamen

Hay momentos en los cuales se hace complicado aplicar la objetividad necesaria para explicar los hechos cuando uno es parte implicada en los mismos. Al mínimo nivel de subjetividad que suponen los parámetros que uno toma como medida para cada una de las situaciones que comenta, se agrega la cuota sentimental que conlleva la parcialidad. Cuando esa parcialidad inunda el pensamiento del cronista, lo llena de sensaciones y afecta el poder de análisis, la objetividad queda de lado y da lugar a un comentario que puede equivocar el rumbo por culpa del sentimiento.

Por eso les pido que hoy tomen con pinzas lo que escribo. Que me juzguen como simpatizante de Vélez y no como un redactor de realidades que pasa cada hecho por el tamiz de la objetividad. No pude darme el tiempo suficiente para descartar el sentimiento para escribir con la lapicera cargada de raciocinio. No supe descartar al hincha para colocarme el traje de periodista cual Superman en una cabina telefónica. No tuve esa cuota de frialdad para asesinar a este simpatizante lleno de bronca y desilusión hasta la semana que viene. Aun sabiendo que le pido a cada uno de ustedes, a través de mis letras, la templanza necesaria para apoyar un proceso complicado que es tan transicional como el campeonato que se está disputando.

Vélez Sarsfield estuvo a punto de pasar un papelón para el recuerdo. El decoroso y corto 2 a 0 pudo ser una goleada imborrable para la estadística y para el corazón velezano. El partido fue una paliza desde el inicio cuando Leandro Desábato salvó con lo justo el primer gol de Independiente cruzando un remate de Emiliano Rigoni hasta el minuto 85 cuando el propio delantero desvió su remate, mano a mano con Alan Aguerre, tras ganarle la espalda por enésima vez a Iván Bella. Los minutos restantes fueron una agonía innecesaria para partido definido mucho antes.

Errores y horrores. Individuales, colectivos, posicionales, conceptuales, todos los imaginables. Incluso el entrenador cometió errores graves como la inclusión de Bella, que demostró estar en un nivel lejano al que necesita un jugador para presentarse en un partido de semejante trascendencia. La presencia insistentemente discutida de Yamil Asad parece tener sostén únicamente en la cabeza de Christian Bassedas, que debió reemplazarlo en el entretiempo por su enorme intrascendencia y desorden.

Vélez llegó tarde a todo. Tarde a las marcas, tarde cuando se necesitaban opciones de pase, tarde a los cierres, tarde a las marcas, y lo peor, tarde a cada pelota. Fue lento, previsible y poco previsor. Fue superado en velocidad, en aspectos clave del juego. No supo resolver la presión del mediocampo adversario, concurrió a destiempo y de manera individual al intento de recuperación del balón y perdió permanentemente a cada jugador de Independiente que quiso aprovechar la espalda de sus defensores. Intentó utilizar a Hernán Toledo como creador y lo desaprovechó como factor de desequilibrio ofensivo. Dejo espacios y no supo generarlos en campo rival. Fue impreciso con el balón y desordenado sin él. Y para colmo, como cereza del desastroso postre, regaló los dos goles de Independiente con un error insólito de Fabián Assman y una desatención conjunta de Bella, Fabían Cubero y Cristian Nasuti.

Al coctel insoportable de desaciertos se sumó la ausencia de un factor innegociable en el fútbol actual: la actitud. La actitud no es ir a cada pelota con los tapones de punta. Tampoco es lo que el hincha llama “poner huevos”. La actitud es el intento por resolver todos aquellos inconvenientes que plantea la adversidad. Todo eso que un equipo entrega de sí para aminorar el impacto cuando las cosas no salen. Para ser gráficos, la actitud es aquello que le sobraba al Vélez de Carlos Bianchi cada vez que las cosas no salían por las buenas y se necesitaba algo más para revertir, al menos, la imagen. Para vender cara la derrota.

Les pido disculpas. Escribí estas letras sin quitarme el gorrito y la bandera. Posiblemente se me haya escapado parte de la realidad objetiva y el sentimiento me impidió explicarles las virtudes de un Independiente que supo cómo incidir en la mala actuación de Vélez. Muy probablemente esto sea una necesaria descarga de un hincha como cada uno de ustedes que ha hecho catarsis de la bronca acumulada. Pero la bronca de perder una partido clave de esta manera me ha ganado por goleada. Hoy mi poder de análisis estuvo a la altura de la actuación del equipo.


Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva