Viernes, 22 Septiembre 2017

TRAIGAN CORAZONES QUE EMOCIONES SOBRAN

Martes, 12 de Abril de 2016 00:00
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En un partido cargado de incidencias y en un final memorable, Vélez Sarsfield consiguió derribar una fortaleza que se mantenía inexpugnable desde noviembre de 2014, derrotando a Rosario Central en el Gigante de Arroyito por 3 a 2. Errores, horrores, falencias, coraje, aciertos y virtudes se conjugaron para construir una victoria que quedará en la memoria del hincha velezano

¡Que semestre duro para el corazón del hincha de Vélez! Una vez terminado este corto periplo previo a la Copa América, que significa un período transicional en el fútbol argentino hacia un futuro desconocido, deberemos recurrir en masa a los consultorios cardiológicos a revisar el estado coronario ante tanta emoción fuerte. Cada fin de semana, un inesperado aluvión emotivo nos arrastra hacia temor y la incertidumbre o hacia el jolgorio y la esperanza. No hay término medio. O la calentura atroz o el alocado festejo.

Vélez sigue siendo el Vélez bipolar del que venimos hablando. Un Vélez que puede ser torpe e irresoluto durante varios minutos pero también puede encontrar su instinto asesino y tumbar a su adversario en cortos períodos de tiempo. Es el Víctor Galíndez de la mano milagrosa. Ese que invocaba cuando derrotamos a Belgrano en otra tarde para el infarto. En Rosario aparecieron las dos personalidades de Vélez.

El correcto y apacible equipo que recorrió la mayor parte del partido haciendo lo que su rival le permitía y el salvajemente letal de los últimos diez minutos de juego, tiempo adicional incluido. El primero, sufrió los embates iniciales de Rosario Central que se puso en ventaja con un cabezazo de Marco Rúben, aprovechando una salida incorrecta de Alan Aguerre y  dependió de la infantil expulsión de Javier Pinola –bien lograda por Fabián Cubero- para adelantarse un poco en el campo y convertir en empate la única chance clara de gol que consiguió.

El gol de Santiago Stelcaldo, en el anochecer de la etapa inicial, fue producto de una serie de rebotes que le permitieron al joven mediocampista, improvisado como delantero de punta, quedar en la historia marcando el tanto número 90 mil de la historia del fútbol profesional argentino. Un tanto que escapaba a la lógica del partido pero penaba la falta de responsabilidad de Pinola y la escasez de recursos del local para reacomodarse en el campo con un jugador menos.

Con el empate en la mano y las obligaciones del lado de enfrente, Vélez esperaba la chance de alguna contra pero faltaban los intérpretes adecuados. Para colmo, Leandro Somoza le facilitó la tarea al Canalla con una inexplicable agresión que mereció expulsión y emparejó numéricamente el match. Los nubarrones de la derrota comenzaban a aparecer y se hicieron lluvia cuando Giovani Lo Celso convirtió el segundo gol del local a falta de un cuarto de hora para el final del partido. El juego estaba a pedir de Central y Rúben remató al cuerpo de Aguerre un mano a mano con aroma a tercer gol. Pero…

La pócima del doctor Christian Bassedas obtuvo el resultado esperado. Ese Vélez de traslado lento y correcto, de demasiada pausa y poca actividad ofensiva perdió a sus tres intérpretes principales: Somoza, expulsado, Blas Cáceres, reemplazado por Nicolás Delgadillo y Yamil Asad, que transportó demasiado el balón sin rumbo y terminó siendo reemplazando tardíamente por el joven debutante Nicolás Servetto, tras el gol de Lo Celso. Y Vélez se convirtió en su alter ego cuando el partido se moría.

La parsimonia se transformó en vértigo. Eduardo Coudet pedía desesperado un equilibrio que su equipo no tenía, los espacios entre la última línea y el mediocampo del conjunto rosarino quedaron al desnudo y Fabricio Alvarenga construyó una apilada formidable por derecha para aprovechar la solitaria entrada de Zabala por izquierda para empatar el partido a dos minutos del cierre.

La fiera hambrienta olfateó la sangre de la presa herida y fue por el golpe mortal. En tiempo agregado, Leandro Desábato aprovechó un firulete innecesario de Lo Celso, le quitó el balón, punteó para Delgadillo, éste asistió con gran precisión a Zabala y el uruguayo, disfrazándose de Romario, dejó a Alejandro Donatti desairado para definir con maestría ante la salida de Manuel García y hacer explotar los corazones fortineros que casi se destrozan un par de minutos después ante una pirueta de José Luis Fernández que Lautaro Gianetti despejó milagrosamente en la línea con un cabezazo oportuno cuando Aguerre no tenía nada por hacer para evitar el empate.

El final empuja al olvido de todo lo que ocurrió antes. ¿Para qué analizar ahora las falencias de este Vélez? El arma más peligrosa de Vélez sigue siendo la misma. La eficacia. La que le permite a este equipo ganar partidos desfavorables lastimando a equipos que construyen más desde el juego. La que le quitó a Rosario Central un invicto de 23 partidos en el Gigante de Arroyito. Bassedas encontró el Plan B. Un plan que en realidad es el mismo pero con otros intérpretes. Algunos pensaran en la casualidad. Otros en la obligación que propone el resultado adverso. Yo rescato enormemente la intuición del entrenador y el fuego sagrado de los más jóvenes. Este Vélez puede ser el punto de partida de algo grande. Estos chicos tienen historia por escribir. Y este Director Técnico parece tener algún viejo celular perdido.

 

Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva