Sábado, 24 Junio 2017

UN MUNDO DE SENSACIONES

Lunes, 21 de Marzo de 2016 18:22
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Vélez sumó una nueva victoria, esta vez en el intransitable campo de juego del Mario Alberto Kempes ante un Belgrano de Córdoba que no había caído en los últimos nueve partidos en condición de local. El éxito encierra una variedad de sentimientos encontrados a los que el simpatizante fortinero se va haciendo amigo partido a partido

El abanico de posibilidades es amplio. Las sensaciones del hincha de Vélez ante cada presentación del equipo conducido por Christian Bassedas son cambiantes y hasta opuestas a lo largo de cada capítulo de 90 minutos. Este Vélez no pasa desapercibido. Está muy lejos de la chatez y la falta de espíritu que repudiábamos en la temporada pasada. Este Vélez es alegría y es preocupación. Es contundencia y desconcierto. Es esperanza y es temor. Es duda y es certeza. Es jolgorio y es bronca. Todo esto es este Vélez 2016. Un verdadero atentado a la salud de cada corazón que vista la V azulada.

No necesitamos analizar lo que ocurrió a lo largo de todo el partido en el insólito arenero de plaza cordobés para explicar el presente, benévolo si los hay, del Vélez de Bassedas. Alcanza media hora para desenmascarar ese mundo de sensaciones que deja el equipo detrás de cada partido, dejando incluso de lado el resultado. Se puede perder como en la visito al Nuevo Gasómetro. Se puede ganar como el último sábado. Pero no se puede evitar la enorme carga de tensión que el simpatizante debe manejar partido a partido.

Dos tiros en el travesaño de Alan Aguerre y dos goles de Vélez en las réplicas, horrores defensivos de por medio, sellaron diez minutos iniciales increíbles. Una serie de rebotes y pifias un furibundo remate de Jorge Correa que pasó el filtro de la mano de Juan Carlos Olave y se amigó con el poste izquierdo del mismo arco que había evitado tres goles para convertirse en un tercer gol que terminó siendo un salvoconducto a la victoria. Un cuarto de hora final donde ocurrió de todo con Vélez jugando con un hombre menos –por la insólita expulsión de Fabricio Alvarenga- y dentro de su propia área. Dos contraataques desperdiciados cuando el tsunami celeste se nos venía encima. Un gol que nos dejó a un paso de la catástrofe y convirtió un par de minutos en un siglo y medio.

Todo esto fue una tercera parte de unos 90 minutos donde Belgrano fue dueño casi absoluto del balón. Pero pese a ese control de pelota y terreno, durante la primera etapa el Pirata no pudo contener cada respuesta de un imparable Hernán Toledo, ni controlar la ambición desmedida de Mariano Pavone en la búsqueda de cada pelota, ni evitar que Correa se haga eje del juego para administrar las mejores opciones de ataque, ni que Alvarenga aparezca por sorpresa desde el sector derecho como ocurrió en el primer gol. Y Vélez sacó provecho aun cuando le apedreaban el rancho.

Vélez es un recuerdo vivo del gran Víctor Galíndez en aquella histórica velada boxística de mayo de 1976 cuando derrotó a RichieKates casi milagrosamente. Vélez está herido, ensangrentado, no puede visualizar bien la contienda, es golpeado repetidamente, va abajo en las tarjetas, pero tiene el corazón intacto y el cerebro preparado para manejarse en la oscuridad. Tiene las ganas de ganar a flor de piel. Aun en inferioridad. Tiene las garras siempre dispuestas al zarpazo. Vélez es capaz de herir de muerte aun en el más adverso de los escenarios. Defiende como puede pero ataca como pocos. Y por sobre todo, con todas las falencias que desnudan los rivales de turno, nunca baja los brazos. Está atento a cada detalle porque sabe de memoria que vive de ellos.

De esos detalles que hoy, en el fútbol argentino, son demasiado importantes Vélez ha rescatado una docena de puntos. A partir de esos detalles nos ilusionamos con la pelea de arriba cuando tenemos que estar atentos a los buenos resultados que se dieron abajo. Por esos detalles le ganamos a Olimpo y a Gimnasia en casa, goleamos a Argentinos Juniors en La Paternal y derrotamos a Belgrano en su morada. Por esos detalles. Esos que ganan partidos. Esos que muchas veces son ninguneados. Que se atribuyen solo a la suerte pero tienen gran contenido de astucia, oportunismo y de eficacia. Por esos detalles, Vélez nos tiene felices. Aunque haya que pedir turno en el cardiólogo.


Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva