Jueves, 25 Mayo 2017

TIEMPO DE REFLEXIONAR Y DECIDIR

Martes, 08 de Marzo de 2016 18:08
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Vélez resbaló en Sarandí con una receta que intentó sumar poder ofensivo y terminó con un equipo fracturado y un mediocampo incapaz de recuperar la pelota. Otro gol evitable y la falta de eficacia en ataque completaron una pobre presentación del equipo de Christian Bassedas, que deberá retornar a las formas que propiciaron mayores dividendos

Las derrotas siempre duelen. Duelen cuando se pierde como en el Nuevo Gasómetro y detrás queda la esperanza de un equipo con rumbo claro y también cuando se pierde en el score y en el desarrollo del partido como ocurrió en Junín. Las primeras no preocupan. Dejan una mochila cargada de optimismo. Las segundas suelen causar dudas y resquemores cuando uno se enfoca en el futuro cercano.

La visita a Arsenal nos trajo una tercera opción: Vélez entregó muchas ventajas en lo estratégico pero, aun así, el rival le regaló oportunidades claras para no irse con las manos vacías. La caída de Vélez en Sarandí posee mayor influencia de las falencias propias que de las virtudes del adversario. Tres razones básicas: el planteo, el gol recibido y las oportunidades desperdiciadas. Sobre esto habrá que trabajar a destajo, aprovechando la semana libre, con vistas al duelo ante Belgrano en Córdoba.

El planteo

En la previa indicábamos la necesidad de poblar la mitad del campo. De intentar generar superioridad en esa zona y espacios para Hernán Toledo. Y si bien el esquema de Arsenal no varió demasiado y se modificaron solo los intérpretes, Vélez  quedó en absoluta desventaja numérica a partir de un idea más ofensiva plasmada por Christian Bassedas con el ingreso del chico Santiago Stelcaldo en reemplazo de Fabricio Alverenga.

La modificación tuvo consecuencias importantes. Mayor volumen de juego asociado en campo rival en el primer tramo de la etapa inicial. Menores espacios para moverse cuando se necesitaba todo lo contrario. Intrascendencia en el balance entre posesión y generación de peligro y un desbalance defensivo notable en la mitad de la cancha con Leandro Somoza y BraianCufré debatiéndose –y perdiendo- ante cuatro o cinco adversarios durante todo el primer tiempo. En resumen, el equipo quedó cortado y Arsenal jugó cara a cara con la defensa velezana.

Por suerte, Arsenal carece de potencia ofensiva y no pudo transformar en peligro la cantidad de juego que obtuvo mano a mano con los defensores visitantes. Fernando Luna, Mariano Barbieri y Gonzalo Bazán se sintieron a sus anchas a espaldas de los dos mediocampistas centrales dispuestos por Christian Bassedas, mientras estos quedaban a mitad de camino al intentar presionar a Gonzalo Papa y Federico Lértora.

Repetidas faltas que le bajaron el ritmo al partido, una muy buena actuación de Lautaro Gianetti y la escasa claridad del local en los últimos metros del campo, le evitaron a Vélez una costosa factura en los primeros 45 minutos. La mínima ventaja de Arsenal tras otro gol evitable, fue un precio barato. Fue lo que un equipo lleno de limitaciones, como el de Sergio Rondina, pudo cosechar de un trámite que le permitía mucho más.

El gol: otra vez sopa…

En el fútbol, de hoy, los detalles quedan expuestos a la vista de quien quiera observarlos. Las declaraciones del Luna, autor del gol de Arsenal, lo dijeron todo. En la semana, Rondina había insistido en ejecutar los centros en dirección al arco. Los ejemplos anteriores, lo animaban a intentar obtener algún rédito. Vélez defiende en zona y muy cerca del arco los balones parados. Ya ocurrió en Junín cuando Fabián Assmann evitó el gol de Sarmiento cuando Matías Lequi bajo un balón en la entrada del área chica y el arquero tapó el remate de Fabio Álvarez en la boca del arco. Cualquier duda o error es casi inevitablemente gol.

El escaso margen de reacción que tiene el arquero ante estas situaciones le quita cierta responsabilidad. Pero no toda. Será cuestión de tomar las medidas necesarias para que esto no vuelva a suceder. Y esto tiene que ocurrir en el seno del cuerpo técnico.

Cuidado con culpar solo al arquero ante un resultado adverso. Es cierto que Aguerre ha cometido un error grosero en el partido ante Olimpo y que pudo tener algo que ver con el tercer gol de San Lorenzo  -más allá de los cinco jugadores de Vélez que miraron cabecear a Mauro Matos-, pero también es cierto que ha tenido tapadas clave en todos los partidos y que un gol recibido por un infortunio o uno dilapidado por nuestros atacantes –Pavone en Junín y en Sarandí y Toledo en el Bajo Flores- tienen el mismo peso en resultado final. Y aún no se escuchan voces críticas al respecto cuando la eficacia es fundamental para conseguir en un momento donde no sobra nada.

El valor de la eficacia

Vélez ha mejorado considerablemente a lo largo del certamen. Esto es indiscutible pese a la actuación magra del viernes. Pero las limitaciones no desaparecieron. Se ocultaron mejor o peor en cada uno de los partidos. Pero están. Y basta repasar cada uno de los compromisos que afrontó este Vélez para entender el grado de influencia que tuvo la eficacia ofensiva en el resultado final.

Al equipo no le resulta sencillo generar oportunidades claras de gol. Esto ha sido una realidad en la media docena de fechas disputadas en el presente torneo. Vélez ganó tanto como perdió. Ganó cuando supo o pudo aprovechar esas opciones. Cuando la pelota fue adentro más veces que afuera. Cuando se trasladó al marcador aquella chance que te da el partido de cambiar su destino. Ganó cuando la metió Pavone dos veces en pocos minutos en La Paternal, cuando Maximiliano Romero convirtió en gol el manotazo desesperado de un Vélez que venía sufriendo bastante ante un Olimpo ineficaz y cuando el tiro libre de Stelcaldo se coló sorpresivamente contra el palo izquierdo del arco de Gimnasia en un partido que tenía destino de empate.

¿Cuándo perdió? Cuando el propio Pavone cabeceó al poste y falló un mano a mano que él mismo fabricó ante Sarmiento, cuando Toledo corrió en soledad varios metros para rematar al cuerpo de Sebastián Torrico frente a San Lorenzo y cuando no pudo convertir tres chances clarísimas de gol en la noche del Viaducto. En los tres casos el rival golpeó cuando pudo, sin ser extremadamente superior y se llevó los tres puntos. A nosotros, la ineficacia nos dejó con las manos vacías.

El receso obtenido en AFA por los recitales, no podría llegar en mejor momento. El golpe fue duro aunque no hay que dramatizarlo. Vélez agotó recursos en la mejora y Bassedas creyó ver en el crecimiento colectivo, un trampolín para volver a intentar lo que él pretende de su equipo. Y una vez más, la realidad le dio la espalda. Las armas con las que cuenta funcionan mejor con espacios que proponiendo protagonismo. El aparato defensivo, sobre todo en la zona media, necesita resguardo. Y los de arriba se manejan mejor en las distancias largas. Tanto Pavone en la lucha con los centrales adversarios como Toledo inventando slaloms o Jorge Correa manejando las opciones del juego. Hay que tomar debida nota de lo sucedido porque por primera vez perdimos ante un equipo inferior. Y eso, en este momento de vacas flacas, no podemos permitirlo.


Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva