Viernes, 22 Septiembre 2017

JUSTICIA CIEGA

Lunes, 22 de Febrero de 2016 12:44
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Con un  decisivo arbitraje de Federico Beligoy, Vélez cayó en el Bajo Flores ante San Lorenzo por 3 a 2, sobre el final del partido. Si bien quedaron expuestas las diferencias de jerarquía individual entre uno y otro equipo, el equipo de Christian Bassedas supo complicar a su rival y va profundizando un modelo colectivo

Uno no quiere dramatizar ni llorar antes de tiempo. Pero mientras intentaba imaginar el partido, haciendo una futurología que el fútbol nos demuestra inútil permanentemente, había un detalle que perturbaba mi análisis: el arbitraje. Como la objetividad debe sobreponerse a cualquier sentimiento en este oficio de explicar lo que sucede, preferí dejar ese detalle fuera del análisis previo del partido. Pero esa duda, que agregaba una posibilidad más a nuestro rival de turno, terminó plasmándose como realidad en la tarde del Nuevo Gasómetro.

Cuidado. A no confundirse. Vélez perdió por esto pero pudo perder por lo otro. San Lorenzo fue un poco más. Tiene con qué ser más. Es un conjunto que va tomando vuelo futbolístico aunque más no sea en ciertos pasajes del partido. Más allá de camisetas, da gusto ver jugar a Néstor Ortigoza, a Leandro Romagnoli, a Pablo Barrientos o a Fernando Belluschi. Sería lamentable no reconocer a un equipo que se arriesga a buscar la victoria regalando espacios y corriendo riesgos. Esto, en un fútbol que se rasga las vestiduras sublimando la posesión del balón, es gratificante. Todo aquel que concurra o se siente en el sillón de su living a ver un partido de San Lorenzo, tiene prácticamente asegurado un buen espectáculo. Aunque, es cierto, el hincha del Ciclón deberá revisar su estado coronario permanentemente.

Lo de Vélez, con limitaciones y errores incluidos, también es muy valorable. Aquello que pedíamos en la era Miguel Ángel Russo y se nos remarcaba imposible, apareció en menos de dos meses de trabajo. Nos hablaran del año de rodaje de algunos chicos. De que el trabajo del ex entrenador rindió sus frutos. Si bien una mínima parte de esto puede tener su fondo de verdad, el responsable directo de convertir a un conjunto de muchachos poco voluntarioso y desordenados en un equipo es Christian Bassedas.

Acá hubo laburo. Se observó a todos. Se evaluaron los comportamientos, dentro y fuera de la cancha. Se buscó lo ideal. Se intentó un término medio. Pero finalmente, con las cartas de la verdad sobre la mesa, el entrenador optó por aquello que más se debe valorar de un Director Técnico: arreglarse con lo que hay y construir algo posible desde allí. Ayer, más aun que en el de La Paternal, las pruebas quedaron a la vista.

Vélez fue mínimamente menos que un equipo potencialmente muy superior. Disimuló sus carencias en gran medida, llevó el juego adonde más le convenía y lastimó a su rival en el lugar que debía. El planteo, con mínimas observaciones, superó al resultado. Y aquí aparecen las razones externas del resultado.

San Lorenzo era más con la pelota, se arrimaba al área de Vélez con asiduidad, pero construía muy pocas situaciones en relación a la cantidad de tiempo que contaba con el balón. Por el contrario, Vélez lastimaba cada vez que conseguía superar la línea divisoria por el sector izquierdo. Hernán Toledo se hizo un festín cada vez que encaró a Julio Buffarini y Mariano Pavone, una vez más, fue el pivót que necesitaremos para acrecentar nuestras posibilidades de sumar. Entre ambos se las arreglaron para hacer de Vélez un equipo contestatario y peligroso. Y vaya que lo consiguieron.

Y entre la superioridad de San Lorenzo y la capacidad de respuesta de Vélez apareció un tal Federico Beligoy. Un hombre envidioso que veía que era el único que pasaba inadvertido en un hermoso partido de fútbol. Un personaje ávido de convertirse en la figura rutilante de un partido con muchos matices para disfrutar. Un árbitro que se sobrepuso al fútbol y desvió el camino de un partido que estaba para cualquiera, a pesar de que Pablo Guede apelaba a un banco de suplentes de tanto nivel como el once titular para profundizar la superioridad y trasladarla al marcador.

Debió expulsar a Toledo y terminó mostrando la salida a Braian Cufré. Sancionó un penal inexistente que provocó una tonta reacción de Fabián Cubero y una nueva expulsión además de la diferencia que San Lorenzo no podía plasmar. Expulsó a Buffarini por suma de amonestaciones, producto de una ridícula amonestación en el entrevero con Toledo. En definitiva, desestructuró el partido. Lo puso patas para arriba. Y en ese descalabro, Vélez lo empató y lo terminó perdiendo con el cabezazo de Mauro Matos en el final.

En el boxeo, San Lorenzo hubiera ganado por puntos. Sin discusión. Fue más. Tuvo con qué ser más. Pero el partido tenía un rumbo incierto que el árbitro modificó en un momento clave. Y allí es cuando lo justo y lo injusto caminan por la misma vereda. Sin embargo, más allá del resultado y del protagonismo de Beligoy, Vélez ha encontrado las formas. Hay camino por recorrer. Habrá que perfeccionar y modificar. Pero después de mucho tiempo –desde la era Gareca probablemente- el simpatizante velezano sabe a qué quiere jugar su equipo. Y esto es más importante que cualquier resultado.


Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva