Jueves, 25 Mayo 2017

GANAR VALE LO QUE CUESTA

Domingo, 14 de Febrero de 2016 16:09
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Vélez Sarsfield derrotó a Olimpo de Bahía Blanca con lo justo en el José Amalfitani en un partido cambiante y dramático. El triunfo produce alivio y esconde detalles importantes de cara a lo que viene, pero deja una sensación clara de que estamos comprendiendo nuestra actualidad

Sufrido, trabajoso, producto de las ganas más que de las ideas. Así fue el triunfo de Vélez sobre Olimpo. Esta será la realidad del futuro inmediato del equipo. No nos sobra nada. Y el grito de desahogo de la parcialidad velezana tras el gol de Maximiliano Romero así lo demuestra. Por suerte hay algo que llegó demasiado pronto: la comunión de pensamientos del entrenador, del equipo y de la gente –la directiva no da la sensación de estar en la misma sintonía- en el pensamiento de que acá hay que hacer lo que se pueda aunque esto se encuentre lejos de lo que se prefiera.

Las palabras de Christian Bassedas inmediatamente después de la victoria lo dicen todo. Un manojo de nervios. “Un año difícil” dijo el ex mediocampista y actual conductor. Habló de todo, menos del juego. Porque de eso no tenemos que hablar. Va por otro camino. Uno que difícilmente podamos tomar con el material y la realidad existente. Vélez entra a la cancha con un solo objetivo: sumar de cualquier forma. Los sueños ya quedaron detrás de las urgencias. Mejor así, aunque esto esconda su costado negativo.

Para cualquier batalla –y créame que la actualidad velezana lo es- hay que tener claras ciertas referencias. Las fortalezas y debilidades del oponente son datos relevantes. Pero entender y tramitar las propias ante cada escenario resulta fundamental. No se puede medir la posibilidad de éxito sin interpretar cuán carente es uno mismo en cada terreno del enfrentamiento. Y Vélez comenzó a entenderlo temprano. Este no es un dato menor.

Con ese punto como fundamento, ahora Vélez tiene que comprender que a veces no se puede ganar. Y cuando eso sucede hay que aferrarse a la mejor posibilidad. Aunque parezca  pequeña. Ayer, en busca del triunfo necesario, se arriesgó en demasía. Olimpo, un equipo que desnudó toda su pobreza, cuando fue dominado y cuando fue protagonista, nos hizo un enorme regalo.

Cuando el duro golpe del error de Alan Aguerre se hizo carne en un Vélez que había sufrido poco, instalado bastante lejos del área propia, un poquito por mérito propio y bastante por impericia ajena, los bahienses hicieron todo lo posible para no ganar un partido que tuvieron a su merced durante buena parte del complemento.

Entonces podemos analizar la victoria desde dos puntos de vista. Con el resultado puesto son tres puntos de oro, conseguidos a través del ímpetu mancomunado y el esfuerzo individual que constituyen un empujón anímico en un momento donde las complicaciones sobran. Pero revisando el transcurso del partido y realizando la evaluación posterior, Vélez contó con la inobjetable colaboración de un rival que hasta ingresar al área descubrió todos los problemas que posee el elenco fortinero pero no supo marcar la diferencia. Y aunque preferimos quedarnos con el primer análisis, hay que prestar mucha atención al segundo.

Tanto la falta de resolución con el balón en los pies, como la falta de coordinación colectiva –por suerte el equipo no es una orquesta filarmónica porque el intento de melodía se transformaría en un conjunto de ruidos insoportables- y las tremendas deficiencias en la recuperación, con demasiada distancia entre la líneas y excesiva lentitud de movimientos, salieron a la luz en todo su esplendor. Todo jugador visitante que encaraba hacia el área defendida por Aguerre, llegaba a ella casi sin oposición.

Evidentemente, todo aquello que Bassedas retoque en el equipo, indefectiblemente va a generar una pérdida equivalente en otro aspecto del juego. Si se gana una cierta cuota de juego –escasa- en Leandro Somoza se pierde la recuperación de Leandro Desábato. Si se aporta la creatividad de Jorge Correa se resigna el ida y vuelta de Fabricio Alvarenga. Y así ocurre en cada modificación que se ensaya en el once velezano. Es muy difícil encontrar esa versatilidad que permite aportar mediante las modificaciones más cualidades que las que se extirpan, beneficiando todos los apartados de este hermoso juego.

Por suerte, entre tanto desorden generado por la búsqueda de una victoria que era esperada en la previa, el ingreso del chico Romero invita a la esperanza. No solo por el gol. El pibe mostró una madurez inusual para un joven de su edad en un momento crítico del partido y terminó generando –con la colaboración de Hernán Toledo- y definiendo la jugada que nos regaló dos puntos que parecían escaparse.

Ahora hay poco tiempo para reformas y menos aún para disfrutar un triunfo aliviador. El martes el obstáculo es Argentinos Juniors. Un mix de experiencia y juventud al que le ha costado arrancar y posee urgencias similares. Otro rival directo en el último tercio de la tabla de promedios. Con los tres puntos conseguidos tenemos que ser inteligentes. El empate no es un mal negocio y jugando con la desesperación ajena podemos aspirar a algún rédito mayor. Por ahora bajemos las revoluciones de nuestros corazones. Lo vamos a necesitar descansado de cara a cada partido. Este triunfo vale lo que costó. Y vaya si costó obtenerlo.


Por Nicolás Di Pasqua @nicodipasqua

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva