Sábado, 25 Noviembre 2017

LAS VICTORIAS NO SE DISCUTEN

Sábado, 13 de Febrero de 2016 23:32 Ruben David Oliva
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Un resultado futbolístico, a veces, necesita de una cuota de suerte. La prueba fue el triunfo para Vélez Sarsfield ante Olimpo de Bahía Blanca. Tras sufrir los altibajos del equipo, y reponerse al desorden colectivo, resurgió por empuje propio y gracias a la juventud de Hernán Toledo y la habilidad-eficacia de Maximiliano Romero.

Conforme nos adentremos en el análisis, entenderemos al fortín como neto dominador del encuentro en la primera parte –sin lograr una gran actuación ni una imponente superioridad en situaciones de gol-, pero obteniendo una idea de juego conducente. Posiblemente, la diferencia entre la abulia del cotejo inicial en Junín y los iniciales 45 minutos del estadio José Amalfitani, encontró la presencia de Jorge Correa en mitad de cancha. Y fue conductor. Marcador. Obstáculo a la evolución del lateral por derecha de Olimpo. Asistidor. Enganche. Diversas ubicaciones para un futbolista evolucionado en arma elegida por Christian Bassedas para manejar los hilos del fortín. Sostenida por el gol de Cristian Nasuti tras un tiro de esquina, y una jugada preparada con peinada incluida de Fabián Cubero en el primer palo. Con esa jugada, las insinuaciones de Vélez culminaban en ventaja. Idéntica que nacía en mitad de cancha, con Leandro Somoza como único volante central, con Hernán Toledo jugando por ambas bandas, con Correa como armador y algo más, y con Asad como media punta por izquierda. Con esos pequeños cambios –como no permitir tantas evoluciones ofensivas de Cubero-, el técnico encontró el equilibrio y logró un funcionamiento aceptable. Y le sirvió hasta la igualdad de Olimpo, llegada en un centro al área, un error de Alan Aguerre que descolgó una pelota y la entregó a la soledad de Ramírez que solo debió hacerle el pase a la red. Injusto emparejamiento pero inevitable si consideramos la realidad del fortín.

En la segunda mitad, Olimpo comprendió la ventaja de pegar un retroceso de 20 metros. Vélez, creyó ver la oportunidad y descuidó el sector medio. Y sufrió. Todos y cada uno de los contragolpes que ofreció la visita lanzada en ataque. Para decir la verdad, el conjunto bahiense desperdició una innumerable cantidad de situaciones con un fortín jugado y mal posicionado. Sufrimiento, el verbo conjugado en Liniers ante cada intentona. En ese sentido, hay que expresar que pese al desorden, se comprometió con la victoria. Fue protagonista. Pagó golpe a golpe. Y resurgió transitados los 30 minutos cuando el partido amagaba irse en desazón. De la mano del juvenil Toledo que escapó por la banda derecha –como toda la noche-, y asistió a la entrada de Maxi Romero, que detuvo el balón, eligió el poste y definió ante la estirada de Nereo Champagne. Gol. Golazo. Gritado como nunca y necesitado como siempre.

Fue duro. Complicado. Jugó mal. Pero ganó que es lo importante en un torneo con necesidad de sumar puntos. En ese contexto, como dice el título... las victorias, no se discuten...

 

Por Rubén David Oliva Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva